Texto publicado en En Corto Revista
“Es un honor nacional ser maestro de Primaria”. Jari Lavonen (Director de Formación de Profesores de la Universidad de Helsinki)
“Es un honor nacional ser maestro de Primaria”. Jari Lavonen (Director de Formación de Profesores de la Universidad de Helsinki)
Finlandia y México son países opuestos que no sólo
divergen entre sí por su localización geográfica, tamaño poblacional e
historia, sino que también han mostrado
resultados contrarios en cuanto a temas de competitividad, desarrollo
económico y especialmente en materia educativa. Desde que la OCDE comenzara en
el año 2000 a elaborar el informe PISA (Programa Internacional para la
Evaluación de Estudiantes) el país nórdico ha ocupado los primeros puestos en
todas las ramas por su exitoso sistema educativo mientras que los estudiantes
mexicanos han registrado poco avance y un nivel general por debajo de la media.
La coyuntura educativa que atraviesa nuestro país hace más que oportuno conocer,
aprender y reflexionar sobre el sistema educativo finlandés para así vislumbrar
– aunque sea de manera imaginativa – lo que algún día podría ser una realidad
para todos los niños de México.
La educación concebida como la formación (formal e
informal) que una persona recibe a lo largo de su vida es vista en Finlandia
como el resultado de tres estructuras primordiales: la escuela, la familia y
los recursos socioculturales. Los tres canales son complementarios y operan de
manera coordinada. El éxito escolar no se puede alcanzar cuando se presenta la
ausencia de uno. Hasta ahora todo parece lógico pero las novedades vienen a
continuación. La escolarización obligatoria y pública empieza a los siete años
de edad, más tarde que en otros países occidentales, debido a que se considera que
a dicha edad los infantes poseen la suficiente madurez intelectual para aprender
y asimilar información básica. Durante los primeros seis años de primaria los
niños tienen al mismo maestro para la mayoría de las materias y no existen
calificaciones numéricas hasta el quinto año. A diferencia de otros sistemas
educativos occidentales en donde se fomenta la competencia y comparación desde
una edad temprana, la educación básica finlandesa busca a través del maestro
velar por la estabilidad emocional de los alumnos, fomentar su seguridad y brindar
atención especializada a todos los niños para que ninguno permanezca rezagado.
En una primera instancia se podría pensar que los
niños en Finlandia dedican una gran cantidad de horas por día a la escuela pero
no es así. A diferencia de lo que ocurre con los niños orientales, los alumnos
sólo acuden a clase durante cuatro horas al día ya que se considera que jugar
es una parte importante que contribuye al sano aprendizaje durante la niñez. Pero
el proceso educativo no termina en la escuela, continúa en el hogar. Los padres
tienen la convicción de que son los primeros educadores de sus hijos y
complementan el esfuerzo hecho en la escuela. El 80% de las familias
finlandesas acuden a la biblioteca pública durante el fin de semana. Este hecho
aunado a otros factores sociales y culturales ayudan a que la formación de los
menores ocurra de la manera más eficaz posible.
Uno de los aspectos más relevantes sobre el sistema
educativo de Finlandia y sobre el cual México puede sacar el mayor provecho es la
figura e importancia social que se le otorga a los educadores finlandeses. Se
piensa que durante la edad temprana se construyen los cimientos de los conocimientos
posteriores y es por eso que se debe tener a los mejores profesionales para
acompañar a los infantes durante el proceso. La profesión de docente se compite
a gran nivel entre los postulantes (se admite a menos del 10% de los
aspirantes) y una vez graduados la planta de profesores goza de un salario
competitivo. El desempeño docente es evaluado constantemente, buscando no sólo entregar
educación de la mejor calidad posible sino también valorar y mejorar su
capacidad de comunicación, empatía y aptitudes artísticas.
Así como no existe una receta para el crecimiento
económico tampoco existe una para el éxito en materia educativa. Sin embargo, aprender
de las experiencias de otros países así como adoptar algunas medidas de acuerdo
a nuestra realidad nacional puede resultar benéfico para nuestro avance. Lo
primero que tenemos que mantener en pie es el hecho de que la educación no debe
seguir siendo utilizada como un arma política y el derecho a la educación de
calidad de los niños mexicanos debe estar encima de cualquier interés
particular. En este proceso será importante recordar que cuando se habla de
educación no se debe centrar el debate sólo en los maestros – a veces juzgados
de manera incorrecta – sino también cuestionar qué está haciendo el gobierno a
través de sus políticas educativas y de gasto, qué están haciendo los padres en
el hogar y cómo está contribuyendo la sociedad en su conjunto para que la
formación sea integral. El esfuerzo tanto en recursos económicos, políticos y humanos
que haga un país por la educación de las próximas generaciones será
determinante para el éxito o fracaso del mismo. Ahí, tenemos una tarea
pendiente.
Fuente: OCDE - PISA

